martes, 9 de diciembre de 2008

Homeopatía y vacunación Infantil


Algunas veces me han preguntado en los foros acerca de las vacunaciones infantiles: si son necesarias; si es perjudicial; si tiene efectos secundarios... y por eso me he animado a escribir unas líneas sobre este tema.

Hay algo que es evidente para el que conozca mínimamente cómo trabaja la homeopatía; es a todas luces impensable que la vacunación, tal y como se aplica, sea aceptada por los homeópatas, médicos o no médicos.

En primer lugar, la vía que se utiliza (inyecciones...) no es en absoluto adecuada, ya que no hay nada que pueda controlar la entrada de patógenos en el organismo. Es decir, la única defensa que le queda al organismo es la de los anticuerpos y la del sistema inmunitario. Si por cualquier motivo, el sistema inmunitario está en apuros, deprimido o simplemente se está consolidando, un ataque de esa clase, directo y descontrolado, puede provocar reacciones de las que nadie se hace responsable y cada uno de los implicados se lava las manos, siendo los padres los responsables últimos de tal suceso, aunque sólo sea a nivel de conciencia.

En segundo lugar, la dosis de entrada de tal cantidad de patógenos, aunque hayan sido preparados y debilitados por los laboratorios, suponen una explosión dentro del organismo y, como he dicho antes, a veces los sistemas defensivos del cuerpo no están preparados para ello.

En tercer lugar, no sólo se utiliza una vacuna, sino que se aprovecha para poner varias, con lo cual si el organismo se siente atacado y debilitado, podemos imaginar cómo se sentirá si además son varios los enemigos y de distinto carácter.

Finalmente, hay algo que ninguno de los implicados sabe decir con seguridad: ¿cómo reaccionará el paciente ante las vacunas? Como he dicho, nadie da un paso al frente para decir que ha sido tal o cual vacunación la que ha provocado este efecto secundario o este problema en el paciente. Nadie quiere sentirse responsable y pasan los malos efectos a la salud débil o deteriorada del paciente. Es decir, el paciente está débil, su sistema inmunitario bajo o en desarrollo, le ponemos la vacuna y la culpa no es del sistema ni del supervisor, sino que la culpa es del paciente. ¡Menuda hipocresía!

Cada vez es mayor el número de casos de niños que llegan a la consulta por problemas digestivos, de piel, de reacciones extrañas ante las que los pediatras no muestran ninguna reacción, aduciendo que "es normal".

Ayer mismo me consultaron un caso en el que un niño de mes y medio tenía problemas para comer: se pasaba el día durmiendo; no tomaba el pecho de la madre, excepto unos segundos y volvía a caer dormido; tenía las manitas y los piececitos azulados (cianóticos); se pasaba el día helado y con temperatura corporal disminuida; las heces eran amarillentas y se le irritaba la piel por la acidez de las mismas; tenía eccemas en el escroto. Tras llevarlo al pediatra, éste había dicho que "era normal" y que si iba a más "ya le ingresaríamos", recetándole un pomada de cortisona para el eccema escrotal. Punto.

En los Estados Unidos de América hay toda una tendencia que proclama su rechazo a vacunar a sus hijos. Entre ellos no sólo están los padres, sino que hay investigadores, médicos, etc... porque cada estudio que hacen, cada investigación que llevan a cabo se dan cuenta de los terribles efectos que pueden conllevar las vacunas: dermatitis, alergias, asma, autismo, hiperactividad, síndrome de falta de atención, etc...

Por otro lado, hay algo que es evidente: muchas enfermedades se dice que han sido controladas por medio de las vacunaciones. Sin embargo, nadie en el mundo de la medicina oficial ha calibrado los efectos negativos de las mismas.

La Homeopatía tiene remedios para intentar paliar los efectos negativos de las vacunaciones. Los tradicionales son: THUYA y SILICEA.

La primera se suele utilizar para prevenir antes de la vacunación y durante los días posteriores a la misma. En general se suele recomendar THUJA 200CH (de uno a tres gránulos una vez al día) durante los dos días anteriores a la vacunación y durante los cinco días posteriores a la misma.

La segunda, SILICEA, es la que se utiliza cuando hay problemas nutricionales tras la vacunación. En general se puede dar como sales de Schüssler y también en dilución 30CH. Se puede tomar durante una semana a la 30CH hasta ver reacción y posteriormente mantener como biosal, hasta que desaparezcan los síntomas.

Hay homeópatas que todavía van más allá y que defienden la capacidad del organismo para defenderse por medio de las llamadas "vacunas homeopáticas", esto es, las cepas patógenas pero en dilución homeopáticas y por vía oral, con la intención de provocar un mínima y suave reacción orgánica ante los patógenos.

En mi experiencia en los foros, ha quedado demostrado que este tipo de vacunas no nos inmunizan en absoluto contra la enfermedad, simplemente refuerzan el organismo para que reaccione, con más o menos intensidad según su desarrollo y posibilidades. La repetición de dichas tomas también pueden ampliar la acción del medicamento.

Como información adicional, es interesante lo que dice el Dr. Lyle Morgan en su libro "La homeopatía y su hijo" (páginas 27 a 40), al que se puede acceder en esta dirección http://books.google.es/books?id=Fyyh84z3lmsC&printsec=frontcover&dq=homeopatia&lr=#PPA27,M1