Tal y como yo lo vengo haciendo cuando tengo una consulta de tipo pediátrico, lo más importante será toda la información que la madre (o la persona que más tiempo esté junto al niño) nos proporcione. También es cierto que muchas veces estas personas responsables no son tan observadoras como los homeópatas desearíamos e incluso necesitaríamos. Sin embargo, estos datos junto con los de la observación directa del niño serán la base sobre la que cimentaremos nuestra prescripción.
Yo siempre -y debido principalmente a mi mala cabeza y peor memoria- utilizo un cuestionario. En este caso utilizo el modelo "Cuestionario homeopático para niños" que aparece en esta página en la Sección de "Cuestionarios". Si os fijáis, el "Cuestionario homeopático para niños" es bastante más breve que el "Cuestionario Homeopático General". Esto es así porque los niños suelen estar afectados por enfermedades agudas más que por problemas de orden crónico. También es cierto que muchas de las preguntas del Cuestionario Homeopático General tienen que ver con estados en los que el sujeto puede y debe expresarse con claridad, o al menos reflexionar sobre ellas. En el caso de un paciente infantil, la situación es más complicada, ya que difícilmente podrá responder adecuadamente a las preguntas y con la profundidad requerida. Por eso, el cuestionario para niños es más breve, más simple y , es posible extraer detalles suficientes para la prescripción con pocas observaciones.
Por todo ello, al utilizar el cuestionario para niños, mis preguntas suelo hacérselas a la madre o a la persona responsable. Esto no impide que intente verificar mediante la observación cada uno de los síntomas que se me proponen en el interrogatorio.Otras veces intento acceder al niño pidiéndole confirmación de lo que sobre él se dice. Estudiando sus respuestas podemos extraer valiosas informaciones.
Con respecto a forma de administrar los remedios homeopáticos, suelo usar con "preferencia" (ya casi "por costumbre") la forma líquida. Para ello, propongo a la persona responsable del niño que prepare un vaso con agua hasta la mitad; que disuelva en el agua un gránulo del remedio homeopático prescrito y que lo mueva bien con una cucharita. El contenido del vaso podrá usarlo a lo largo de 24 horas. Mas allá de este tiempo, deberá volver a prepararlo.Del contenido del vaso deberá darle al niño una cucharadita de café y dejar que el niño la chupe, no obligándole a tragarla rápidamente.
En cuanto a la repetición de las dosis, todo está en función de la dolencia y de la gravedad. Por mi formación no médica debo decir que no llegan a la consulta casos urgentes, ni mucho menos casos de extrema gravedad, lo cual hace que la casuística a la que me enfrento sea siempre de carácter moderado. Esto hace que la repetición de la medicina oscile entre una y cuatro veces al día. Como siempre se ha de recordar a la persona responsable, a medida que se produce una mejoría, lo adecuado es ir retirando las repeticiones, dejando así que la dosis actúe hasta el final de su poder y evitando de este modo que se produzca algún tipo de agravación medicinal. También es éste el motivo de darlo en forma diluida: de este modo evitamos que la cantidad de medicina ingerida (aun siendo infinitesimal) pueda producir una agravación medicamentosa.
Finalmente, está el problema de las potencias utilizadas con los niños. Hay dos tendencias: una, la de tratar a los niños como mayores y darles altas potencias (30 CH y 200CH); otra, la de dar únicamente bajas potencias pues en la mayor parte de las enfermedades generales del niño, no hay siempre contenidos emocionales o mentales que haya que modificar (desde la 6CH hasta la 15CH).
Por mi parte, basado en mi experiencia, suelo utilizar de preferencia la 9CH y la 15CH. Producen siempre el efecto justo y, en caso de error en la prescripción, en unas horas desaparece la agravación. También suelo recordarme aquella frase que repiten incansablemente los padres de la homeopatía: "si la medicina está bien elegida, cualquier potencia hará el efecto deseado".
La Naturaleza es nuestra maestra en el arte de curar suave, profunda y permanentemente
martes, 23 de septiembre de 2008
sábado, 20 de septiembre de 2008
Homeopatía Pediátrica. Presentación
Que los niños son el futuro es algo de lo que ya se han ocupado muchos estudiosos, tanto filósofos, como políticos, como médicos y, por supuesto, homeópatas.
Es evidente que la infancia es la etapa con más posibilidades y con mayor proyección hacia el porvenir, especialmente porque es una vida en potencia, en desarrollo.
Por ello y, sobre todo, por su esencial indefensión en esta edad, es necesario que los responsables en cualquier medida cuiden con interés y desvelo para que el desarrollo y las condiciones sean las mejores posibles.
Hace tiempo leí un libro de divulgación que me hizo reflexionar intensamente sobre este tema. Está escrito en un estilo llano, divulgador, pero especialmente humano y clarificador. (1)
Curiosamente, también escribí en los foros sobre este tema, más preguntando que opinando o aportando, y las respuestas que se me dieron fueron aún peores que cuando pregunté por la EUTANASIA. Que si Hitler, que si la super raza, que si Menghelle, etc… Decepcionante.
Bien, el caso es que mi pregunta fue sobre la EUGENESIA. Igual que con el tema de la Eutanasia, no hice más que partir del significado original de la palabra, que viene del griego y que significa (eu=bien; genesia=origen, nacimiento…) BIEN NACER.
Desde mi punto de vista, creo que la procreación es uno de los más importantes pasos que damos los humanos (también las demás criaturas –no hay que ver nada más que su esfuerzo, aun con pérdida de la vida, por llevarlo a cabo-). Por ello deberíamos dedicar a ese estado y al proceso lo mejor de nuestras vidas y de nuestros buenos deseos y acciones.
Es evidente que la política ha hecho de este estadío un motivo más de enfrentamiento, manipulando la libertad de las personas o castigando comportamientos considerados incorrectos o improcedentes. No voy a entrar a valorar dichas situaciones, simplemente porque no soy político, sino homeópata. Mi interés se basa en que las personas tengan información de primera mano, lo más clara posible, para que en el ejercicio de su libertad (que depende exclusivamente de su conciencia) puedan elegir lo que crean mejor para ellos y para su descendencia.
Creo que es perfectamente posible tratar las enfermedades de los niños con homeopatía, no porque lo diga yo, sino porque ya los padres de la homeopatía –mil veces más inteligentes y versados que yo- ya lo vinieron practicando desde el mismo origen de la esta terapéutica.
Se pueden tratar los desórdenes heredados por los bebés de sus padres; se pueden tratar no sólo después, sino antes incluso; no sólo desde el nacimiento, sino desde el embarazo mismo. Y de este modo se evitarán al máximo las complicaciones a que luego darán lugar dichas herencias.
Se pueden tratar los males y enfermedades a que los niños son propensos en esa edad de la infancia, tan expuesta a enfermedades, como poseedora de una fuerza vital inmensa, capaz de hacer frente a casi cualquier enfermedad, con casi sólo llevar una dieta, unos hábitos y una higiene adecuada.
Es más, a quienes acusan a la Homeopatía de vender agua de río y placebo, se les recomienda estudiar todos los casos de niños, desde la más tierna edad hasta el final de su infancia, curados por la homeopatía, sin que en su curación actúe en modo alguno cualquier tipo de sugestión, engaño o hipnosis charlatanesca.
Salvando las distancias, habría que remitir también a los escépticos en la homeopatía igualmente al caso de la homeopatía veterinaria, donde el animal no sólo no sufre placebo, sino que ni tiene conciencia de que se les da medicina.
Desde el punto de vista de la homeopatía –así como de otras terapias naturales- los seres humanos arrastramos una serie de tendencias o disposiciones (llamadas miasmas en homeopatía) que no sólo sufrimos, sino que pasamos a nuestros hijos y éstos a su vez a sus hijos y así en adelante. La homeopatía trabaja con las predisposiciones miasmáticas desde que su descubridor, Samuel Hahneman, se dio cuenta de que personas a las que había curado de todos sus síntomas, volvían a recaer al poco tiempo, bien en lo mismo, bien en variaciones de sus enfermedades anteriores. Esto le hizo estudiar su historia clínica, su historial médico y sus testimonios, llegando a la conclusión de que muchas de las enfermedades de los hijos son culpa o simplemente causa de los padres o antepasados.
La terapia de este tipo de predisposiciones requiere tiempo, paciencia y un terapeuta preparado para ello. No se puede tratar este tipo de predisposiciones simplemente por correo o con buena voluntad.
El propósito de esta nueva sección es la de ir dando noticia de tratamientos efectivos sobre las dolencias más comunes de los niños. Pensé hacerlo de un modo ordenado y lógico, pero a veces la lógica como ordenación es bastante más costosa en tiempo y esfuerzos que un cierto y suave desorden.
(1) Jenny Jordan-Desgain. "La Homeopatía prenatal y los niños del futuro". Madrid, Miraguano Ed. 2005. 316 pags.
También es interesante el primer libro que escribió sobre el tema homeopático titulado "Lo dicho y lo no dicho en Homeopatía. Punto de vista crítico sobre la evolución de una doctrina". Madrid, Miraguano Ed. 2003, 186 pags.
Es importante que no engañen los títulos. Los contenidos tienen afán divulgador y gozan de una claridad de conceptos meridiana, además de ser bastante fáciles de leer (aunque haya algunas páginas un poco pesadas, las menos).
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