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miércoles, 10 de mayo de 2017

"Las contradicciones y miedos que sufren las pacientes cuando les detectan Virus Papiloma Humano": Un nuevo caso de VPH CIN III curado por María Esther Murie (Homeópata)

Cuando nos llega alguien a la consulta con un Virus Papiloma Humano (VPH), el miedo y la angustia es grande ya que la salud en lo que respecta a la parte sexual de los individuos está cargada de tabú. Así pues lo primero a tratar es el miedo que les infunden los médicos a las pacientes con VPH,  como si dentro de pocos meses fueran a estar invadidas por el cáncer, cuando es bien sabido que, para que se acabe de desarrollar, deberán pasar años.

No estamos diciendo desde aquí que haya que descuidar la salud ni mucho menos, pero la medicina convencional se ha acostumbrado a colocarnos la espada de Damocles sobre nuestras cabezas, ya que no conoce otro método que el de operar la zona, órgano o extremidad, etc. y las personas llegan con tanto miedo que lo primero a restaurar es la confianza en su curación, cosa que hasta ahora siempre me ha dado resultado con Homeopatía junto con una dieta adecuada y probióticos para ayudar a que el organismo recupere la salud  intestinal y el virus no tenga manera de continuar activo.

Las contradicciones se dan cuando empiezan las dudas sobre el futuro de su salud y si no sería mejor hacer la conización, quitando así esa parte del cuello del útero donde las células están dañadas. El problema es que el organismo al completo no está aún sano y existen más posibilidades de que se vuelva a reproducir. Con lo cual desde la óptica de un método integrativo lo mejor para la salud de nuestro organismo es sanarlo desde la base de la alimentación y complementarlo con homeopatía y probióticos.

Siempre explico previamente que virus tenemos todos y que es parte de nuestra naturaleza, con lo cual no hay que "matar" "aniquilar" o "erradicar" , sino más bien corregir nuestra alimentación que muchas veces está muy cargada de tóxicos, conservantes y colorantes de tantos productos envasados poco confiables. Las prisas y la vida que llevamos a veces nos hacen descuidar la alimentación y es algo a recuperar.

Este es el caso de una colega que me consulta muy asustada por que le han detectado VPH con ALTO RIESGO  (series 16, 18, 31, 33, 45, 51 ,58).
Los terapeutas al igual del resto de personas tenemos  vivencias igual de dolorosas que el resto de humanos en el planeta. La ventaja es que podemos acudir a algún colega que nos ayude a superar lo que nos sucede.

Zoe es una mujer de 45 años que, además de atender su consulta por la tarde, ocupa sus mañanas en una agencia de seguros, donde recibe todo tipo de llamadas de atención al cliente. Cuando acaba su jornada come cualquier cosa y se va al consultorio para hacer lo que más le gusta.
Casada y con una hija de 17 años, como la mayoría de mujeres se ocupa de  todo aquello que se refiere a las tareas del hogar  y su descanso es precario. Sueño ligero y no demasiado reparador. El estrés de su trabajo por la mañana hace que tenga migrañas recurrentes y un dolor en el lado derecho (trastorno hepático) junto con digestiones pesadas. Sus menstruaciones son dolorosas y abundantes.
Tal es la preocupación y el estado nervioso que mi primera propuesta es la de darle algún remedio que calme esa inquietud y desosiego por su salud y así empezamos el tratamiento con Natrum Muriaticum en dosis alta tres días seguidos al levantarse durante una semana y valorar su estado físico y emocional.
Así se vio capaz de seguir la dieta adecuada para no incluir gluten (el mínimo) ni lácteos que alteran el estado hormonal. Muchos zumos licuados y verduras frescas al igual que frutas y productos biológicos que puedan ayudar a oxigenar el organismo.
Seguimos con el tratamiento homeopático con Medorrhinum en dosis alta e igualmente tres días seguidos a la semana y descansar.
Entretanto -como siempre suele pasar que las citas con el ginecólogo generan intranquilidad, le producen angustia y miedo- le aconsejé para ello Argentum Nitricum que alivió su estado de inquietud y miedo.
A petición suya hicimos Terapia de Regresión para sanar sucesos de la infancia que estaban sin resolver y ahí hubo una gran mejoría respecto a la recuperación de la confianza de sí misma.
Los dos meses siguientes complementé con dos medicamentos homeopáticos que ayudaron finalmente a resolver y sanar aquellas células contagiadas de VPH.
A pesar de que los análisis de laboratorio indicaban NEGATIVO para células malignas, su ginecólogo le pidió hacer una nueva citología ya que no podía creer que se hubiese revertido el resultado a NEGATIVO, enviando dicha citología a otro laboratorio.
Lógicamente esto produce inquietud y malestar respecto a la salud y eventualmente desconfianza en todo el tratamiento que Zoe hizo, pero afortunadamente tardaron pocos días y el resultado siguió siendo NEGATIVO como en la primera citología. 
Posiblemente si Zoe no le hubiese explicado que estaba haciendo un tratamiento con Homeopatía, quizá el ginecólogo hubiese confiado en el primer resultado de la citología, pero como bien sabemos la medicina convencional aún no confía en ésta medicina suave y eficaz. 
Zoe vive feliz y confiada de que lo que ella misma practicaba es efectivo para ella misma, como no podía ser de otra manera y a día de hoy ya pasaron tres años y no existen síntomas de malignidad en el cuello del útero.
La paciente siguió el tratamiento de homeopatía durante un año con revisiones y algunos cambios en las potencias de los medicamentos homeopáticos.
Esto es así en todas las pacientes para que el organismo se recupere totalmente y no haya recaídas.
Las revisiones y el seguimiento son un elemento muy importante ya que a veces nos volvemos a confiar y tendemos a hábitos alimentarios y de vida poco saludables.
También es importante no mezclar otro tipo de terapias naturistas con suplementos orgánicos o comprimidos que podrían alterar el sistema inmunitario, ya que éste tratamiento ya incluye una dieta que cambia el Ph del organismo.


Nota de la Autora: Desde este espacio quedo agradecida siempre a Andrés Guerrero Serrano por su amabilidad y colaboración con los artículos y casos que puedan ser de ayuda a cualquier persona que llegue a su muy completo blog. ¡Gracias!

Para contactar con la autora: https://homeopatiacuerpoyalma.wordpress.com/

viernes, 11 de enero de 2013

Visita a la Clínica Buchinger de Marbella (2): Ayuno terapéutico y Psicología, por Gabrielle Gross

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Durante el tratamiento de ayuno, se imparten charlas de ayuda psicológica, pero se constata que la asistencia es muy reducida.
El ayuno terapéutico se podría definir como la renuncia voluntaria a la comida sólida durante un tiempo con fines preventivos y curativos.
En todo proceso de ayuno hay una dimensión psicológica que debemos ver. El ayuno es también una DESINTOXICACIÓN EMOCIONAL, lo que provoca que puedan resurgir emociones ya pasadas. Para Otto Buchinger era muy importante limpiar también “el trastero interior”.
El ayuno igualmente tiene una dimensión espiritual y esto se demuestra además porque todas las religiones tienen el ayuno como costumbre.
Otra dimensión del ayuno es la social. Antes se daba el dinero –obtenido de la no alimentación del cuerpo- para ayudar a las personas más necesitadas. Por otra parte, si nos encontramos bien, podremos escuchar a los demás, ayudarles. Esto también forma parte del ayuno.
Otto Buchinger decía: “Cuando el cuerpo ayuna, el alma tiene hambre”.
La renuncia voluntaria es una actitud mental y en el ayuno –para Buchinger- despierta nuestro médico interior. Él lo denominaba HEILFASTEN, que a la vez entronca con la raíz HEIL, presente en palabras como curativo, íntegro, salutífero y santo, todo ello aplicado al ayuno.
Durante el ayuno se produce un cambio curativo interior (metanoia) y aquel que no lo aprovecha, se pierde lo mejor del ayuno.
También durante el ayuno hay altibajos: hay vulnerabilidad, sensibilidad, deseo de protección. Es la oportunidad para seleccionar lo que dejamos entrar dentro de nosotros. Es el momento de buscar estímulos que alimenten el alma. Como un gusano en la crisálida que tras el ayuno se convierte en mariposa: es una metáfora para el cambio curativo interior.
Es importante crear buenas condiciones: tener tiempos de silencio, relajación, no hacer nada. Debe haber un equilibrio entre actividad y reposo (silencio).
Durante el ayuno, los sueños expresan lo que está ocurriendo.
El ayuno es un proceso individual, por eso es aconsejable hacerlo solo y no en pareja (al menos en su dimensión espiritual). Hay que dar un espacio a la curación interior abriendo espacios y liberando emociones.
Hay mayor percepción de señales sensoriales: todo es más sensible.
En el trabajo psicológico del ayuno, se trabaja con técnicas de psicoterapia tales como las Constelaciones familiares y las técnicas de Liberación emocional (EFT).
El sufrimiento muchas veces radica en el amor excesivo. (Recomendable investigar sobre “el anticáncer” y “la cura emocional”).
Durante el ayuno también se intensifica el efecto de la serotonina.
El ayuno nos da la oportunidad de hacer limpieza emocional y de educar la mente para la felicidad.
Los efectos psicológicos del ayuno son variados: crisis curativas (a nivel físico y emocional) –“el ayuno es un viaje a la propia historia”-; percepción de emociones guardadas y percepción de las necesidades emocionales. Tras el ayuno, los efectos se aprecian fácilmente: serenidad, armonía, equilibrio interno.
Otto Buchinger hablaba mucho de las necesidades espirituales que suscita el ayuno, especialmente de la oración. “Cuando se ayuna, no se duerme bien y se siente el impulso de comunicarse con Dios. El ayuno impulsa a velar en presencia de Dios, no solo durante el día, sino también durante la noche”.
Gandhi se refirió al ayuno como a los ojos con los que ver el mundo interior.
Buchinger decía que durante el ayuno se encuentra el punto META: en los barcos es el punto donde se cruzan todas las coordenadas, o lo que es lo mismo el “ojo del huracán”, donde se da la máxima calma en medio de la vorágine.

miércoles, 20 de abril de 2011

Constelaciones Familiares, Homeopatía y Psicoterapia, por Mª Esther Murie

Desde mi experiencia como psicoterapeuta  de Vidas y Vivencias Pasadas podríamos decir que, cuando uno pasa por este tipo de experiencia transpersonal -es decir, lo que está en el inconsciente lo traemos al consciente- , creamos como un escenario donde el paciente o actor permite que el psicoterapeuta o director, ayude a recrear un escenario mental, donde poder sanar cualquier emoción, trauma, creencia o suceso que hubiese dejado tal huella en su memoria, consciente o no, que no lo dejase avanzar en su vida cotidiana. Bien puede ser una pésima relación con el padre, la madre, la familia, un abandono a una temprana edad, la desaparición de la madre o el padre de forma inesperada y no resuelta, un parto difícil…, en definitiva, se puede trabajar con cualquier pensamiento, emoción e incluso con cualquier síntoma físico que suele estar ligado a una emoción y/o pensamiento. También se puede trabajar cualquier frase de aquel maestro o profesor que pudo haberle dejado marcado, por ejemplo: "deja de estudiar que tú para esto no sirves" y su percepción es de que lleva un letrero en la frente de "eres un inútil". En definitiva, hay que dejar que el paciente nos diga qué quiere trabajar y así tener un hilo conductor hasta que la persona se dé permiso a sí misma de soltar lo que de alguna manera lo tiene atrapado, bien sea un pensamiento, un mal recuerdo, un maltrato físico o psíquico, un abuso sexual, un parto difícil, etc., para tratarlo y trabajarlo desde el respeto y el amor.
Otro aspecto importante a señalar es que cuando se hace psicoterapia, a veces no se tiene en cuenta toda la energía que el paciente "deja ir" o desprende de sí mismo. Somos seres vivos y autónomos que tenemos un campo energético que generamos nosotros mismos y que seguramente hemos visto en algunas imágenes como campo energético o aura. Ahí es donde se acumulan energías que, cuando se hace psicoterapia y esto no se tiene en cuenta, los que están cerca quedan contaminados, como sucede con las constelaciones familiares. Nos piden que hagamos de AGRESOR y toda la energía que pudiese desprender la persona agredida se la lleva cualquiera de los que están allí; nos piden que ayudemos a revivir un abandono y nos llevamos la tristeza de la otra persona, de manera que a veces escuchamos como nos dicen los que hicieron constelaciones: "estoy mal porque el fin de semana me tocó constelar....", es decir: ME PROPUSIERON QUE HICIESE DE AGRESOR, LO HICE Y ME SIENTO MUY MAL... ¿lo hice por ayudar? ¿lo hice porque me impliqué? ¿lo hice porque no me supe negar a hacerlo y me dejé llevar por el terapeuta? En definitiva, cargué con un rol que no me pertenecía, junto con toda la carga de pensamientos y emociones que tampoco eran míos. Esos pensamientos y emociones se han convertido ya en energías que ahora sí van actuar en nosotros como si fuesen nuestros y harán que sintamos un caos y confusión que tendremos que solucionar con más sesiones, y lo justificaran diciendo "... ¡por algo debe ser!!  y detrás de esa frase se esconde un malintencionado sentimiento de culpa que envuelve al individuo dejándolo atrapado en ella.  Podríamos comparar esta práctica como si en un hospital al entrar en quirófano operasen a dos o tres a la vez sin tener en cuenta la higiene y la separación de cada individuo y su enfermedad, de manera que el postoperatorio es más traumático que la enfermedad que padecían con anterioridad los pacientes.
Mi pregunta es: ¿es éste un método sano y saludable de terapia, o es un método manipulativo y captador de posibles víctimas que, como quedarán atrapadas en una no-resolución al sus conflictos, siempre volverán para ver si en la próxima vez están mejor? ¿No es esto lo que los argentinos llaman "basurear"?
Hellinger, después de dejar el sacerdocio en Alemania, creó este método que ya ha sido considerado por la Asociación AIS de Barcelona como un "método de terapia sectario", donde podemos encontrar alguna traducción del alemán al español en el cual se le denuncia por constelar en público con un grupo de personas, entre las que se encontraba una madre y un hijo, el cual sacó toda su rabia contra la madre. El resto de personas que constelaban volcó sus emociones negativas hacia la madre y  ésta al día  siguiente se suicidó.
Y es que, como dice Andrés Guerrero en su artículo sobre "Constelaciones familiares y Homeopatía", si no hay AMOR Y COMPRENSIÓN de nada sirve esa terapia o, mejor dicho, sirve para atrapar posibles víctimas y tenerlas enredadas en una especie de tela de araña, abducidos mental y emocionalmente, donde acuden cada semana sin avanzar hacia ninguna parte, solo dando vueltas unos alrededor de los otros mientras el director los observa sin ninguna intención más que la de seguir así por tiempo indefinido. Hay personas que llevan años haciendo esta terapia y las familias de los afectados se sienten impotentes de hacer nada ya que, aunque en AIS (Barcelona) los consideren de tendencia sectaria, la ley en España no está regulada y es difícil actuar.
Si los métodos de Psicoterapia se parecen a una actuación teatral-mental donde el paciente toma y da roles a diferentes personas en su imaginario-mental-emocional y pensamos  que todo nos lo hemos inventado, recordemos el dicho latino "inventare est encontrare", de manera que, si hemos hecho inventario y hemos encontrado la respuesta a aquello que nos tenía en vilo, ¡¡bienvenida sea!! Lo más importante es RESOLVER, SIN CULPABILIZAR O VICTIMIZAR A NADIE. Es así y es desde el Perdón, donde la resolución y sanación será completa.
Pero ante todo lo más importante es que el psicoterapeuta no influya en el paciente y no lo manipule. Que cuando salga aquello que fue más traumático y doloroso, lo trate desde el afecto y la comprensión, con la suficiente distancia para no implicarse.
Podíamos decir que en las constelaciones familiares se utiliza el método Stanislavki de teatro, con todos los asistentes participando, donde su método de las acciones físicas queda reflejado en la actuación de los participantes, cargando todos con ellas. Mientras que una Psicoterapia sería un método dialéctico, como proponía Brecht, donde la parábola, la utopía y la realidad, proponían cambiar el mundo (el del paciente) como un teatro épico, donde el espectador no solo vive la representación sino que además tiene la posibilidad de analizarla. La catarsis debe darse "in situ" mientras que el terapeuta guarda su distancia, ya que sin ésta no hay observación ni acertada forma de ayudar."
Las sociedades occidentales actualmente carecen de rituales donde  las familias, los jóvenes y adultos puedan "ritualizar" lo que les ha sucedido en un corto periodo de tiempo, sea agradable o desagradable, por ejemplo, un nacimiento, una boda una muerte etc. Cuando sucede algo así, al estar en crisis una serie de valores e instituciones, como la Iglesia por ejemplo, más allá de lo que la cultura de cada lugar pueda hacer, como las fiestas locales, cargadas de connotaciones consumistas, no se produce un ritual donde queden "exorcizadas" las emociones de alegría o de dolor que cada individuo o grupo haya acumulado, como sucede con los grupos sociales o tribus de los Pueblos primitivos o First Nations en EUA o Canadá o América Central y del Sur.
Esto, junto con nuestro bagaje religioso-represivo y político-dictatorial de nuestra sociedad occidental, da como resultado estos pseudo-rituales creados por técnicas sofisticadas de manipulación que no incluyen la creencia religiosa o el miedo al infierno, sino que solapadamente trabajan con el sentimiento de culpa, que no deja de ser el mismo con el que ha estado trabajando durante siglos la Iglesia, para tener así adeptos atrapados como moscas, en vez de trabajar con la responsabilidad de nuestros actos.
En el caso del ritual de las constelaciones no hay un Dios Redentor, sino un dedo acusador o acusadores/acosadores, que hacen que el individuo se sienta con ganas de desaparecer del mapa terrestre. A esto deberíamos añadir  la mezcla de culturas y religiones que existe en nuestra sociedad actual haciendo una amalgama o tejido social, que la sociedad vive de manera directa le guste o no, a no ser que solo se mire su propio ombligo.
En las constelaciones familiares los individuos viven en carne propia el miedo, la rabia, la tristeza o la violencia del otro sin filtro ni control y, como dice Michel Maffesoli, -conocido sociólogo y filósofo francés en su artículo del País Dominical 2005-  "...cualquier explosión emocional de los individuos que tenga que ver con la violencia, HAY QUE HOMEOPATIZARLA..."  Es curioso que utilice ese término justamente, aunque sabemos que Maffesoli siempre fue muy atrevido al desarrollar e investigar temas como la sexualidad, la astrología, etc., que a veces le trajeron muchos problemas pero sus previsiones se están cumpliendo cuando introdujo el paso de lo individualista al concepto de las tribus o patrias urbanas en su libro El tiempo de las tribus.
Seguramente Maffesoli se trató con Homeopatía, ya que entendía perfectamente de qué hablaba y por qué usaba ese término: "....nuestra sociedad quiere ser aséptica pero como eso es imposible y se reprimen las formas más primitivas del individuo, es más ni se contemplan, cuando se quiere eliminar el riesgo, ese riesgo se vuelve perverso. En latín, pervertir quiere decir "tomar caminos distintos” y la situación explota y no se puede dominar..."  de aquí que aparezcan estas formas perversas que abducen a los individuos de forma sutil pero al final manipuladora.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Psicoterapia, Constelaciones Familiares y Homeopatía

“Los hombres construyen castillos en el aire, pero son
los psiquiatras y los psicólogos quienes les cobran el alquiler”
Peter Yang

El sábado pasado, dentro de los seminarios que completan el Curso de Postgrado de Medicina Naturista que estoy realizando en la Universidad de Zaragoza, tuvimos la oportunidad de que se nos explicaran las Constelaciones Familiares y su puesta en práctica con cuatro casos diferentes consultados por compañeras nuestras.

Tenía más interés del que pensaba, ya que valoraba las Constelaciones Familiares como una herramienta de trabajo para el terapeuta y una proyección personal del paciente, que puede ver como en película detalles que se le pierden por vivir su propia historia.

Y además el médico que ofrecía el seminario venía cargado y expresando un bagaje experimental amplio y dilatado que prometía expansión, precisión e incluso digresión. Tras diez horas y media de internarnos en los entresijos (que no era más que la más cruda superficie de la teoría y de la técnica), quedé totalmente exhausto, apenado y con un sabor en la boca que yo calificaría de sabor a decepción.

Me gustaría pensar que el problema estaba en mí, por eso, paso a relatar mi experiencia sin más pretensión. Es una experiencia de la que saco mis conclusiones. Cada uno considerará lo acertado o erróneo de las mismas.

El punto de partida es que somos una especie –la humana- evolucionada de los simios y que como tal especie tendemos a vivir en grupos sociales, que empiezan por la familia y que acaban en nuestro sentimiento de especie. Este tipo de relaciones en las que nacemos y que se nos imponen hasta nuestra madurez deja en nosotros improntas que marcan nuestro comportamiento, nuestra capacidad de gestionar nuestras acciones y de ahí, por tanto, de nuestras enfermedades.

Se habló de las emociones partiendo de las relaciones entre emociones positivas, negativas y los órganos yin y yang de la medicina china. Se hablo de las normas generales que rigen a la mayor parte de los grupos y se hizo una taxonomía basada en el cálculo de probabilidades de las posibles relaciones entre los miembros de la familia en función del número de hijos y de las posibles dependencias. Se habló del árbol genealógico como principal documento para poder entender y representar la situación conflictiva de quien consulta. En este árbol genealógico figurarían los afectos y desafectos entre los miembros, las dependencias y las ausencias.

De esta primera parte en la que se habló de la base teórica, me quedaron varias ideas dentro, entre ellas las siguientes:
- El miedo es el origen de cualquier desequilibrio emocional, que afectará más adelante a lo físico y a lo mental.
- Tendemos a sufrir las mismas enfermedades emocionales que las de nuestros padres y abuelos y tendemos a pasarlas como carga a nuestros hijos y descendientes.
- Si hay un alcohólico en la familia, las posibilidades de que unos de los miembros del grupo termine acudiendo a tal vía de escape es altísima.
- La infertilidad y la elección del sexo de los hijos proviene de una decisión del individuo de forma inconsciente.
- La homosexualidad es una decisión que “no puede procrear” y por tanto no tiene posibilidades de perdurar.
- La clasificación de los trastornos emocionales y mentales es totalmente arbitraria y médicamente se expresa acudiendo a unas tablas recogidas en el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), que es un medio para que los psiquiatras puedan entenderse entre sí cuando comparten casos.
- Las parejas que no tienen hijos, no tienen “futuro”.
- La telepatía pertenece al terreno de lo mental.
- La intuición es otra de las partes que conforman nuestro ser, junto con lo físico, lo emocional, lo mental y lo espiritual. De este último no hay nada de qué hablar, porque no produce enfermedad.
- Existe un inconsciente colectivo que se suma al inconsciente personal de cada individuo.
- Somos una especie evolucionada del simio.

La primera frase fue una aserción mía, que el ponente corroboró diciendo que el miedo está unido al elemento agua y que es el origen de cualquier movimiento.
Ante la segunda y la tercera frase, expresé mi desconcierto ya que en Homeopatía y en cualquier otra disciplina terapéutica humana es de sobra conocido que las circunstancias, el entorno y la herencia no son determinantes para que una persona desarrolle una enfermedad. Puse el ejemplo del Tuberculoso, que sufre o ha sufrido la enfermedad y que dejará una herencia a sus hijos, que serán Tuberculínicos, sin que ello signifique que obligatoriamente han de ser tuberculosos porque su padre lo es o lo fue. Es decir, es una frase que solo deja paso a la “determinación”, me da igual en el plano afectivo que en el plano de la enfermedad o de la genética.
Con la cuarta frase es muy fácil la aceptación, pero la realidad es que en el cuerpo humano vivo, hay mecanismos voluntarios y mecanismos involuntarios, que son los que preservan la vida. Hacer responsable al individuo del sexo del bebé o de su infertilidad o fertilidad, creo que no es el mejor modo de empezar con la psicoterapia.
En relación con la quinta frase sobre la homosexualidad, hay que aclarar que no se hizo ningún juicio de valor, sino simplemente se constató este hecho, dándole a lo natural el poder omnímodo sobre cómo tratar las diferencias.
La sexta frase también la pronuncié yo mismo, dado que parecía que todo estaba claro simplemente con que estuviera reflejado en el DSM y, por otro lado, él mismo dejaba claro que ese tipo de terapia no conducía a la curación, sino simplemente a la “clasificación”.
La séptima frase incidía aún más en nuestra parte más animal, ya que parece que futuro es el futuro de la especie, del animal que nace para reproducirse , extender la especie y fenecer al final de sus días, más o menos largos. Eso junto con la última frase, me dio a entender que estábamos más que ante una terapia humana, ante una terapia conductual, más basada en estadísticas, probabilidades y comportamiento animal, con fines de apariencia científica.
Lo de que la telepatía pertenecía al terreno de lo mental, fue la típica frase sin posibilidad de comentario. La telepatía proviene del hecho de “sufrir” en la distancia, no de hablar, pensar o razonar. Pathós significa dolor y tiene en este caso relación con el fenómeno que observaron los antiguos de que muchas mujeres sentían un dolor cuando alguien de su familia moría, estando esta persona en un lugar distante del suceso.
Me resultó curioso que hablara de intuición y no hablara de instinto, teniendo en cuenta que no hacía más que analizarnos como si fuéramos más animales que personas, amparado en que el espíritu no produce enfermedad y que no podemos situarlo en ningún lugar de nuestro cuerpo, siendo por lo tanto acientífico cuanto digamos de él.
Lo del inconsciente colectivo fue algo que trajo, creo que dándolo como aceptado por todos, sin más explicación. Yo creo, personalmente, que el inconsciente colectivo no existe. Es simplemente una argucia científica, filosófica o psiquiátrica para descargar a las personas de sus propias responsabilidades. Creo que lo que existe es la conciencia personal y su no actuación en determinadas circunstancias no lo instituye como inconsciente, sino simplemente como no consciente, es decir, no tiene entidad propia, es simplemente la carencia de consciencia. Probablemente esto parezca una distinción tonta, pero la meditación, la relajación, el Camino -mal llamado “espiritual”- lo único que pretende es un estado de conciencia más fino y sensible, más duradero, más certero y más disponible.

Sigo diciendo que, pese a todos estos desajustes entre su teoría y mi experiencia, estaba deseoso de participar y de descubrir los maravillosos secretos que parecían guardar las Constelaciones Familiares.

Comenzamos la sesión de la tarde con el planteamiento de cuatro casos consecutivos, de los cuales me tocó participar como actor en tres de ellos. Parecerá tonto, pero hay que decir que no sabía nada de lo que se hacía en las Constelaciones Familiares ni qué papel jugaban los que eran elegidos para actuar. Así pues, ignorante total, accedí a participar porque me pareció que, si podía servir de ayuda para las compañeras que consultaban, por qué no hacerlo.

En el planteamiento de la sesión o representación se dan los mínimos datos posibles sobre la realidad de la consulta, de tal modo que el conocimiento no influya en la puesta en escena.

En la primera situación, el problema estaba en cómo solucionar un brote psicótico en el hijo de una compañera. Se ordenaron los actores, se les colocó en el lugar y empezaron a moverse. Visto desde fuera, uno no entiende el porqué se mueven, si no hay nada que se lo mande o se lo pida. Pero la realidad es que los actores se mueven y ese movimiento provoca el movimiento de los demás, que buscan cercanía, relaciones o muestran dependencias. Mientras esto ocurre, el psicoterapeuta va llamando la atención de la consultante sobre ciertas acciones o hechos que suceden en la representación. En un momento dado y visto que el movimiento no daba demasiadas aclaraciones, se decidió contar con mi presencia y se me denominó con el rol de “AGRESOR”. Se me podía haber llamado Paco, o el tío, o el portero o el butanero, pero el denominarme de tal modo, hizo que las emociones presentes, viscerales e hiperactivas por la situación misma, se volvieran en mi dirección. Me sorprende decir que la relación entre nosotros como compañeros es inmejorable, pero en aquel lugar y en aquel momento me sentí como en una caldera, con fuego bajo la caldera, yo atado y metido e el agua y todo un coro de watusis girando a mi alrededor esperando mis movimientos y deseando hacer cecina conmigo. No había reconocimiento de nuestro compañerismo, sino que la emoción y la vivencia estaban tan asumidas por los roles que jugaban que yo no era su compañero, sino el AGRESOR. Resumiendo, mal rollo, difícil solución y vanos movimientos, ya que no se encontró la solución que debía esperarse.

En la segunda en la que participé, me cupo el rol de padre de uno de los actores, quizás debido a mi gran tonelaje y a los años con que lo adorno. Nos situamos detrás del actor que hacía el papel de hijo y me acompañó otra compañera que representaba a la madre. Lo cierto fue que no sé si debido a que en ningún momento perdimos el oremus, el caso es que estuvimos los dos quietecitos, tranquilos, fuera del cotarro y descansando más o menos tranquilamente. Mientras, las emociones ajenas hiperfuncionaban y se agitaban ante nuestros ojos.

En la cuarta, me cupo representar el papel de padre de una compañera, a quien este había dejado atrás cuando tenía dos meses. Otro papel de villano. Me quedé quieto y esperé. No usurpé papel alguno, sino que simplemente me dejé estar, no como padre, sino como Andrés, sin más pretensión que dejar correr la representación. Debo decir que la compañera consultante sí vivió la representación en carne viva y en carne propia. Yo no.

Y, perdón por tanta extensión, una vez terminadas las Constelaciones me fui a casa agotado de tanta villanía, agotado de tanta representación y con dos preguntas en mi cabeza rondándome como cazabombarderos anti-psicoterapias:
1.- ¿Mereció la pena tanto esfuerzo, tanta puesta en escena, tanta emoción descontrolada y grupal?
2.- ¿Obtuvieron mis compañeras una visión más real de su problema y visos de solución a su consulta o simplemente vieron lo que el terapeuta quiso que notaran o percibieran?

Y ya en estos momentos, se añaden otras preguntas más insistentes:
¿Es posible la representación fiel de una situación embestido por las emociones mientras el terapeuta y el consultante juegan al cineforum?
¿Es posible que el terapeuta dijera que no era posible “PERDONAR”, porque este hecho hacía que hubiera un culpable?
¿Es posible que el terapeuta invalidara como solución el AMOR?
¿Realmente funciona esta psicoterapia con los pacientes?
¿No hay una terapia que conserve el concepto de HUMANO entre su teoría y su práctica? ¿Es así toda la psicoterapia?

Personalmente, y tras esta experiencia, desconfío de las posibilidades terapéuticas de tales representaciones, pese a que una compañera me comentó que ella las había hecho anteriormente y que le habían venido muy bien. La creo. Pero sigo pensando que la charla amable, distendida, relajada, repetida, valorada, empática y cercana con el paciente da mil veces mejores resultados que la psicoterapia del diván, de la terapia de grupo o de las Constelaciones Familiares.

No creo que el conocimiento que nos dan estas Constelaciones nos hagan cambiar nuestra forma de enfrentarnos al mundo. Me parece dudoso que uno cambie su conducta solo por la visión del conocimiento y me inclino más por aprender a mejorar nuestra actuación por medio de la relajación, la meditación y la comunicación. Puede sonar utópico, irracional e incluso poético, teniendo en cuenta el aumento de las enfermedades mentales y lo crítico de las mismas. Pero mientras no me demuestren lo contrario seguiré creyendo en la charla y en la Homeopatía como las mejores terapias para los problemas emocionales y mentales.