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La Naturaleza es nuestra maestra en el arte de curar suave, profunda y permanentemente
miércoles, 10 de mayo de 2017
"Las contradicciones y miedos que sufren las pacientes cuando les detectan Virus Papiloma Humano": Un nuevo caso de VPH CIN III curado por María Esther Murie (Homeópata)
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viernes, 11 de enero de 2013
Visita a la Clínica Buchinger de Marbella (2): Ayuno terapéutico y Psicología, por Gabrielle Gross
Durante el tratamiento de ayuno, se imparten charlas de ayuda psicológica, pero se constata que la asistencia es muy reducida.
El ayuno terapéutico se podría definir como la renuncia voluntaria a la comida sólida durante un tiempo con fines preventivos y curativos.
En todo proceso de ayuno hay una dimensión psicológica que debemos ver. El ayuno es también una DESINTOXICACIÓN EMOCIONAL, lo que provoca que puedan resurgir emociones ya pasadas. Para Otto Buchinger era muy importante limpiar también “el trastero interior”.
El ayuno igualmente tiene una dimensión espiritual y esto se demuestra además porque todas las religiones tienen el ayuno como costumbre.
Otra dimensión del ayuno es la social. Antes se daba el dinero –obtenido de la no alimentación del cuerpo- para ayudar a las personas más necesitadas. Por otra parte, si nos encontramos bien, podremos escuchar a los demás, ayudarles. Esto también forma parte del ayuno.
Otto Buchinger decía: “Cuando el cuerpo ayuna, el alma tiene hambre”.
La renuncia voluntaria es una actitud mental y en el ayuno –para Buchinger- despierta nuestro médico interior. Él lo denominaba HEILFASTEN, que a la vez entronca con la raíz HEIL, presente en palabras como curativo, íntegro, salutífero y santo, todo ello aplicado al ayuno.
Durante el ayuno se produce un cambio curativo interior (metanoia) y aquel que no lo aprovecha, se pierde lo mejor del ayuno.
También durante el ayuno hay altibajos: hay vulnerabilidad, sensibilidad, deseo de protección. Es la oportunidad para seleccionar lo que dejamos entrar dentro de nosotros. Es el momento de buscar estímulos que alimenten el alma. Como un gusano en la crisálida que tras el ayuno se convierte en mariposa: es una metáfora para el cambio curativo interior.
Es importante crear buenas condiciones: tener tiempos de silencio, relajación, no hacer nada. Debe haber un equilibrio entre actividad y reposo (silencio).
Durante el ayuno, los sueños expresan lo que está ocurriendo.
El ayuno es un proceso individual, por eso es aconsejable hacerlo solo y no en pareja (al menos en su dimensión espiritual). Hay que dar un espacio a la curación interior abriendo espacios y liberando emociones.
Hay mayor percepción de señales sensoriales: todo es más sensible.
En el trabajo psicológico del ayuno, se trabaja con técnicas de psicoterapia tales como las Constelaciones familiares y las técnicas de Liberación emocional (EFT).
El sufrimiento muchas veces radica en el amor excesivo. (Recomendable investigar sobre “el anticáncer” y “la cura emocional”).
Durante el ayuno también se intensifica el efecto de la serotonina.
El ayuno nos da la oportunidad de hacer limpieza emocional y de educar la mente para la felicidad.
Los efectos psicológicos del ayuno son variados: crisis curativas (a nivel físico y emocional) –“el ayuno es un viaje a la propia historia”-; percepción de emociones guardadas y percepción de las necesidades emocionales. Tras el ayuno, los efectos se aprecian fácilmente: serenidad, armonía, equilibrio interno.
Otto Buchinger hablaba mucho de las necesidades espirituales que suscita el ayuno, especialmente de la oración. “Cuando se ayuna, no se duerme bien y se siente el impulso de comunicarse con Dios. El ayuno impulsa a velar en presencia de Dios, no solo durante el día, sino también durante la noche”.
Gandhi se refirió al ayuno como a los ojos con los que ver el mundo interior.
Buchinger decía que durante el ayuno se encuentra el punto META: en los barcos es el punto donde se cruzan todas las coordenadas, o lo que es lo mismo el “ojo del huracán”, donde se da la máxima calma en medio de la vorágine.
miércoles, 20 de abril de 2011
Constelaciones Familiares, Homeopatía y Psicoterapia, por Mª Esther Murie
Mi pregunta es: ¿es éste un método sano y saludable de terapia, o es un método manipulativo y captador de posibles víctimas que, como quedarán atrapadas en una no-resolución al sus conflictos, siempre volverán para ver si en la próxima vez están mejor? ¿No es esto lo que los argentinos llaman "basurear"?
Si los métodos de Psicoterapia se parecen a una actuación teatral-mental donde el paciente toma y da roles a diferentes personas en su imaginario-mental-emocional y pensamos que todo nos lo hemos inventado, recordemos el dicho latino "inventare est encontrare", de manera que, si hemos hecho inventario y hemos encontrado la respuesta a aquello que nos tenía en vilo, ¡¡bienvenida sea!! Lo más importante es RESOLVER, SIN CULPABILIZAR O VICTIMIZAR A NADIE. Es así y es desde el Perdón, donde la resolución y sanación será completa.
Podíamos decir que en las constelaciones familiares se utiliza el método Stanislavki de teatro, con todos los asistentes participando, donde su método de las acciones físicas queda reflejado en la actuación de los participantes, cargando todos con ellas. Mientras que una Psicoterapia sería un método dialéctico, como proponía Brecht, donde la parábola, la utopía y la realidad, proponían cambiar el mundo (el del paciente) como un teatro épico, donde el espectador no solo vive la representación sino que además tiene la posibilidad de analizarla. La catarsis debe darse "in situ" mientras que el terapeuta guarda su distancia, ya que sin ésta no hay observación ni acertada forma de ayudar."
Seguramente Maffesoli se trató con Homeopatía, ya que entendía perfectamente de qué hablaba y por qué usaba ese término: "....nuestra sociedad quiere ser aséptica pero como eso es imposible y se reprimen las formas más primitivas del individuo, es más ni se contemplan, cuando se quiere eliminar el riesgo, ese riesgo se vuelve perverso. En latín, pervertir quiere decir "tomar caminos distintos” y la situación explota y no se puede dominar..." de aquí que aparezcan estas formas perversas que abducen a los individuos de forma sutil pero al final manipuladora.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Psicoterapia, Constelaciones Familiares y Homeopatía
“Los hombres construyen castillos en el aire, pero son
los psiquiatras y los psicólogos quienes les cobran el alquiler”
Peter Yang
El sábado pasado, dentro de los seminarios que completan el Curso de Postgrado de Medicina Naturista que estoy realizando en la Universidad de Zaragoza, tuvimos la oportunidad de que se nos explicaran las Constelaciones Familiares y su puesta en práctica con cuatro casos diferentes consultados por compañeras nuestras.
Tenía más interés del que pensaba, ya que valoraba las Constelaciones Familiares como una herramienta de trabajo para el terapeuta y una proyección personal del paciente, que puede ver como en película detalles que se le pierden por vivir su propia historia.
Y además el médico que ofrecía el seminario venía cargado y expresando un bagaje experimental amplio y dilatado que prometía expansión, precisión e incluso digresión. Tras diez horas y media de internarnos en los entresijos (que no era más que la más cruda superficie de la teoría y de la técnica), quedé totalmente exhausto, apenado y con un sabor en la boca que yo calificaría de sabor a decepción.
Me gustaría pensar que el problema estaba en mí, por eso, paso a relatar mi experiencia sin más pretensión. Es una experiencia de la que saco mis conclusiones. Cada uno considerará lo acertado o erróneo de las mismas.
El punto de partida es que somos una especie –la humana- evolucionada de los simios y que como tal especie tendemos a vivir en grupos sociales, que empiezan por la familia y que acaban en nuestro sentimiento de especie. Este tipo de relaciones en las que nacemos y que se nos imponen hasta nuestra madurez deja en nosotros improntas que marcan nuestro comportamiento, nuestra capacidad de gestionar nuestras acciones y de ahí, por tanto, de nuestras enfermedades.
Se habló de las emociones partiendo de las relaciones entre emociones positivas, negativas y los órganos yin y yang de la medicina china. Se hablo de las normas generales que rigen a la mayor parte de los grupos y se hizo una taxonomía basada en el cálculo de probabilidades de las posibles relaciones entre los miembros de la familia en función del número de hijos y de las posibles dependencias. Se habló del árbol genealógico como principal documento para poder entender y representar la situación conflictiva de quien consulta. En este árbol genealógico figurarían los afectos y desafectos entre los miembros, las dependencias y las ausencias.
De esta primera parte en la que se habló de la base teórica, me quedaron varias ideas dentro, entre ellas las siguientes:
- El miedo es el origen de cualquier desequilibrio emocional, que afectará más adelante a lo físico y a lo mental.
- Tendemos a sufrir las mismas enfermedades emocionales que las de nuestros padres y abuelos y tendemos a pasarlas como carga a nuestros hijos y descendientes.
- Si hay un alcohólico en la familia, las posibilidades de que unos de los miembros del grupo termine acudiendo a tal vía de escape es altísima.
- La infertilidad y la elección del sexo de los hijos proviene de una decisión del individuo de forma inconsciente.
- La homosexualidad es una decisión que “no puede procrear” y por tanto no tiene posibilidades de perdurar.
- La clasificación de los trastornos emocionales y mentales es totalmente arbitraria y médicamente se expresa acudiendo a unas tablas recogidas en el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), que es un medio para que los psiquiatras puedan entenderse entre sí cuando comparten casos.
- Las parejas que no tienen hijos, no tienen “futuro”.
- La telepatía pertenece al terreno de lo mental.
- La intuición es otra de las partes que conforman nuestro ser, junto con lo físico, lo emocional, lo mental y lo espiritual. De este último no hay nada de qué hablar, porque no produce enfermedad.
- Existe un inconsciente colectivo que se suma al inconsciente personal de cada individuo.
- Somos una especie evolucionada del simio.
La primera frase fue una aserción mía, que el ponente corroboró diciendo que el miedo está unido al elemento agua y que es el origen de cualquier movimiento.
Ante la segunda y la tercera frase, expresé mi desconcierto ya que en Homeopatía y en cualquier otra disciplina terapéutica humana es de sobra conocido que las circunstancias, el entorno y la herencia no son determinantes para que una persona desarrolle una enfermedad. Puse el ejemplo del Tuberculoso, que sufre o ha sufrido la enfermedad y que dejará una herencia a sus hijos, que serán Tuberculínicos, sin que ello signifique que obligatoriamente han de ser tuberculosos porque su padre lo es o lo fue. Es decir, es una frase que solo deja paso a la “determinación”, me da igual en el plano afectivo que en el plano de la enfermedad o de la genética.
Con la cuarta frase es muy fácil la aceptación, pero la realidad es que en el cuerpo humano vivo, hay mecanismos voluntarios y mecanismos involuntarios, que son los que preservan la vida. Hacer responsable al individuo del sexo del bebé o de su infertilidad o fertilidad, creo que no es el mejor modo de empezar con la psicoterapia.
En relación con la quinta frase sobre la homosexualidad, hay que aclarar que no se hizo ningún juicio de valor, sino simplemente se constató este hecho, dándole a lo natural el poder omnímodo sobre cómo tratar las diferencias.
La sexta frase también la pronuncié yo mismo, dado que parecía que todo estaba claro simplemente con que estuviera reflejado en el DSM y, por otro lado, él mismo dejaba claro que ese tipo de terapia no conducía a la curación, sino simplemente a la “clasificación”.
La séptima frase incidía aún más en nuestra parte más animal, ya que parece que futuro es el futuro de la especie, del animal que nace para reproducirse , extender la especie y fenecer al final de sus días, más o menos largos. Eso junto con la última frase, me dio a entender que estábamos más que ante una terapia humana, ante una terapia conductual, más basada en estadísticas, probabilidades y comportamiento animal, con fines de apariencia científica.
Lo de que la telepatía pertenecía al terreno de lo mental, fue la típica frase sin posibilidad de comentario. La telepatía proviene del hecho de “sufrir” en la distancia, no de hablar, pensar o razonar. Pathós significa dolor y tiene en este caso relación con el fenómeno que observaron los antiguos de que muchas mujeres sentían un dolor cuando alguien de su familia moría, estando esta persona en un lugar distante del suceso.
Me resultó curioso que hablara de intuición y no hablara de instinto, teniendo en cuenta que no hacía más que analizarnos como si fuéramos más animales que personas, amparado en que el espíritu no produce enfermedad y que no podemos situarlo en ningún lugar de nuestro cuerpo, siendo por lo tanto acientífico cuanto digamos de él.
Lo del inconsciente colectivo fue algo que trajo, creo que dándolo como aceptado por todos, sin más explicación. Yo creo, personalmente, que el inconsciente colectivo no existe. Es simplemente una argucia científica, filosófica o psiquiátrica para descargar a las personas de sus propias responsabilidades. Creo que lo que existe es la conciencia personal y su no actuación en determinadas circunstancias no lo instituye como inconsciente, sino simplemente como no consciente, es decir, no tiene entidad propia, es simplemente la carencia de consciencia. Probablemente esto parezca una distinción tonta, pero la meditación, la relajación, el Camino -mal llamado “espiritual”- lo único que pretende es un estado de conciencia más fino y sensible, más duradero, más certero y más disponible.
Sigo diciendo que, pese a todos estos desajustes entre su teoría y mi experiencia, estaba deseoso de participar y de descubrir los maravillosos secretos que parecían guardar las Constelaciones Familiares.
Comenzamos la sesión de la tarde con el planteamiento de cuatro casos consecutivos, de los cuales me tocó participar como actor en tres de ellos. Parecerá tonto, pero hay que decir que no sabía nada de lo que se hacía en las Constelaciones Familiares ni qué papel jugaban los que eran elegidos para actuar. Así pues, ignorante total, accedí a participar porque me pareció que, si podía servir de ayuda para las compañeras que consultaban, por qué no hacerlo.
En el planteamiento de la sesión o representación se dan los mínimos datos posibles sobre la realidad de la consulta, de tal modo que el conocimiento no influya en la puesta en escena.
En la primera situación, el problema estaba en cómo solucionar un brote psicótico en el hijo de una compañera. Se ordenaron los actores, se les colocó en el lugar y empezaron a moverse. Visto desde fuera, uno no entiende el porqué se mueven, si no hay nada que se lo mande o se lo pida. Pero la realidad es que los actores se mueven y ese movimiento provoca el movimiento de los demás, que buscan cercanía, relaciones o muestran dependencias. Mientras esto ocurre, el psicoterapeuta va llamando la atención de la consultante sobre ciertas acciones o hechos que suceden en la representación. En un momento dado y visto que el movimiento no daba demasiadas aclaraciones, se decidió contar con mi presencia y se me denominó con el rol de “AGRESOR”. Se me podía haber llamado Paco, o el tío, o el portero o el butanero, pero el denominarme de tal modo, hizo que las emociones presentes, viscerales e hiperactivas por la situación misma, se volvieran en mi dirección. Me sorprende decir que la relación entre nosotros como compañeros es inmejorable, pero en aquel lugar y en aquel momento me sentí como en una caldera, con fuego bajo la caldera, yo atado y metido e el agua y todo un coro de watusis girando a mi alrededor esperando mis movimientos y deseando hacer cecina conmigo. No había reconocimiento de nuestro compañerismo, sino que la emoción y la vivencia estaban tan asumidas por los roles que jugaban que yo no era su compañero, sino el AGRESOR. Resumiendo, mal rollo, difícil solución y vanos movimientos, ya que no se encontró la solución que debía esperarse.
En la segunda en la que participé, me cupo el rol de padre de uno de los actores, quizás debido a mi gran tonelaje y a los años con que lo adorno. Nos situamos detrás del actor que hacía el papel de hijo y me acompañó otra compañera que representaba a la madre. Lo cierto fue que no sé si debido a que en ningún momento perdimos el oremus, el caso es que estuvimos los dos quietecitos, tranquilos, fuera del cotarro y descansando más o menos tranquilamente. Mientras, las emociones ajenas hiperfuncionaban y se agitaban ante nuestros ojos.
En la cuarta, me cupo representar el papel de padre de una compañera, a quien este había dejado atrás cuando tenía dos meses. Otro papel de villano. Me quedé quieto y esperé. No usurpé papel alguno, sino que simplemente me dejé estar, no como padre, sino como Andrés, sin más pretensión que dejar correr la representación. Debo decir que la compañera consultante sí vivió la representación en carne viva y en carne propia. Yo no.
Y, perdón por tanta extensión, una vez terminadas las Constelaciones me fui a casa agotado de tanta villanía, agotado de tanta representación y con dos preguntas en mi cabeza rondándome como cazabombarderos anti-psicoterapias:
1.- ¿Mereció la pena tanto esfuerzo, tanta puesta en escena, tanta emoción descontrolada y grupal?
2.- ¿Obtuvieron mis compañeras una visión más real de su problema y visos de solución a su consulta o simplemente vieron lo que el terapeuta quiso que notaran o percibieran?
Y ya en estos momentos, se añaden otras preguntas más insistentes:
¿Es posible la representación fiel de una situación embestido por las emociones mientras el terapeuta y el consultante juegan al cineforum?
¿Es posible que el terapeuta dijera que no era posible “PERDONAR”, porque este hecho hacía que hubiera un culpable?
¿Es posible que el terapeuta invalidara como solución el AMOR?
¿Realmente funciona esta psicoterapia con los pacientes?
¿No hay una terapia que conserve el concepto de HUMANO entre su teoría y su práctica? ¿Es así toda la psicoterapia?
Personalmente, y tras esta experiencia, desconfío de las posibilidades terapéuticas de tales representaciones, pese a que una compañera me comentó que ella las había hecho anteriormente y que le habían venido muy bien. La creo. Pero sigo pensando que la charla amable, distendida, relajada, repetida, valorada, empática y cercana con el paciente da mil veces mejores resultados que la psicoterapia del diván, de la terapia de grupo o de las Constelaciones Familiares.
No creo que el conocimiento que nos dan estas Constelaciones nos hagan cambiar nuestra forma de enfrentarnos al mundo. Me parece dudoso que uno cambie su conducta solo por la visión del conocimiento y me inclino más por aprender a mejorar nuestra actuación por medio de la relajación, la meditación y la comunicación. Puede sonar utópico, irracional e incluso poético, teniendo en cuenta el aumento de las enfermedades mentales y lo crítico de las mismas. Pero mientras no me demuestren lo contrario seguiré creyendo en la charla y en la Homeopatía como las mejores terapias para los problemas emocionales y mentales.