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domingo, 7 de marzo de 2010

Homeopatía: un problema que no es problema, una solución que no es solución.

Ya desde hace 200 años, cuando Samuel Hahnemann desarrolló la Homeopatía, han venido apareciendo problemas con ella relacionados, especialmente problemas basados en su forma de curar, en las sustancias empleadas, en la falta de verificaciones científicas, en la ira y la falta de aceptación de otros terapeutas –generalmente oficiales- que ni la practican ni la conocen, en prejuicios de tipo científico, en intereses espurios con marcado carácter económico…

Desde hace un tiempo la olla ha vuelto a hervir y parece que no hay quien le baje el fuego. Algo es seguro, quien lo haga tendrá que tener cuidado de no quemarse o de que el agua hirviendo no le caiga encima, poniendo en riesgo su salud.

TRES HITOS HISTÓRICOS

Me gustaría, como punto de partida histórico, hablar de tres casos concretos, reales e importantes que han marcado la historia de la Homeopatía hasta la fecha. El primer caso es el de Samuel Hahnemann, el segundo el de Constantino Hering y el tercero el de Kent.

El caso de Samuel Hahnemann fue decisivo, ya que tuvo la habilidad especial y los conocimientos necesarios para ir desarrollando la terapéutica que bautizó como Homeopatía. En sus tiempo se utilizaban todo tipo de técnicas especialmente agresivas con el enfermo, no sólo a nivel técnico, sino también a nivel farmacológico. Se hacían sangrías y se empleaban sustancias como el mercurio o el láudano, entre otras. Hahnemann probó y demostró que era posible tratar enfermos con la Homeopatía y sus dosis infinitesimales y lo demuestra la fama de sus curaciones y también los éxitos que cosechó allá donde fue, aunque siempre con la persecución de sus colegas y las sociedades médicas de la época.

El segundo caso es el de Constantino Hering. Este médico fue seleccionado para buscar los puntos débiles y confeccionar un informe que demostrara que la Homeopatía era un engaño manifiesto. Hering –honesto como persona y como médico- estudió toda la teoría y la Materia Médica y probó por sí mismo dicha terapia en sus enfermos, tomando buena nota de los diagnósticos, los síntomas y los resultados. La Sociedad Médica que lo contrató esperaba ansiosa los resultados de su estudio y se quedó sorprendida cuando Hering afirmó, en virtud de las pruebas que presentaba, que la Homeopatía funcionaba y curaba, sin más miramientos ni dudas. Tan convencido quedó que posteriormente marchó a América y allí fundó Academias Médicas Homeopáticas donde enseñar esta terapéutica y favorecer su extensión.

El tercer caso es el de J.T. Kent. Kent era médico ortodoxo en Estados Unidos y la historia nos habla de su honestidad y ética. Su perspectiva cambió cuando, al enfermar su esposa, no encontró medicamento humano ni medicina capaz de curar sus males y devolverle la salud. Ante tal situación le propusieron que acudiera un médico cercano que practicaba la Homeopatía. Él accedió a su pesar. El médico llegó, se acercó al lecho de la enferma y fue haciéndole preguntas diversas, diferentes y extrañas para la época. Mientras ella respondía, el médico iba apuntando fielmente sus respuestas. Tras bastante rato al lado de la enferma –para lo que era habitual- escribió un medicamento homeopático y una posología. Enviaron a por la medicina y se lo dieron tal y como había prescrito. La enferma fue gradualmente mejorando hasta alcanzar la salud total. A partir de aquel momento, Kent estudió la Homeopatía y se hizo un experto practicante e investigador, siendo desde entonces referencia para los homeópatas de todo el mundo por sus trabajos, sus fichas y sus investigaciones y doctrinas.

En conclusión, ellos fueron de los primeros en aceptar la Homeopatía como terapéutica completa y a partir de su convencimiento hicieron que se desarrollara más todavía. No existían más pruebas científicas que las curaciones que hacían y la vida recobrada de sus pacientes. Como siempre hubo y habrá, ciertas enfermedades serán más difíciles o imposibles de curar y ciertos estados en degeneración patológica sólo admitirán cuidados paliativos, pero no es más cierto que sucede absolutamente lo mismo con la alopatía o medicina oficial.

FARMACOLOGÍA HOMEOPÁTICA Y ALOPÁTICA

Otra de las críticas que se vienen dirigiendo contra la Homeopatía es la de que sus medicinas son agua del río, patrañas, placebo y que no hay ni una molécula de sustancia medicamentosa en “las bolitas de anís” con que medicamos.

No soy farmacéutico, ni científico ni nada que me dé autoridad para hacer afirmaciones ajustadas a la ciencia y con validez científica. Sin embargo, hay una prueba bien fácil de hacer. Cualquier medicamento alopático –es decir que se prescribe en dosis ponderales- produce unos efectos. Estos efectos son de dos tipos: primarios –los que provoca la toma del medicamento- y secundarios –los que desarrolla el organismo al reaccionar ante dicha medicina-. En función de estos efectos se hacen las pruebas de los medicamentos en animales de laboratorio, más tarde en personas y finalmente se acompañan de test científicos de doble o triple ciego. Cuando se ha hecho todo esto, encontramos que un medicamento es apto para tratar tal o cual enfermedad y produce tales o cuales efectos secundarios. Todo ello figurará en el informe que presenten los laboratorios farmacéuticos a las distintas Agencias del Medicamento y servirá para que, tras verificación –no sé si burocrática o científica- se apruebe o se deniegue la comercialización de dicho medicamento.
En el caso de la Homeopatía, decimos que esas sustancias diluidas hasta “el absurdo” en vehículo alcohólico producen tales o cuales síntomas. Pero que esos síntomas son exclusivamente primarios, ya que la infinitesimalidad de las dosis hace que cualquier efecto sea reactivo del organismo y no de la cantidad medicamentosa de la dosis. ¿Vendemos agua del río? ¿Vendemos placebo? ¿Vendemos patrañas? La prueba es bien fácil: por favor, coja cualquier medicamento homeopático, diluido infinitesimalmente, y tome durante una semana una dosis de tres gránulos. Si no hay nada, no habrá reacción alguna. Quedará pues demostrado que vendemos “bolitas de anís” y que somos unos charlatanes, feriantes y engañabobos. Que nos detengan y que nos lleven a la justicia. Pero si esas bolitas y en esas dosis que digo producen efectos, entonces no estamos hablando de “bolitas de anís”, ni de patrañas ni de placebos. Significará que hay una sustancia y hay un efecto. De lo que se demostrará lo que desde hace 200 años hemos venido haciendo los homeópatas: describir en nuestras Materias Médicas todos los síntomas que nuestras medicinas homeopáticas producen, en distintas partes del cuerpo –desde la cabeza hasta los pies; desde el cerebro hasta los órganos sexuales; desde el pelo hasta la uña; y además también los efectos que estas medicinas producen a nivel mental o sensorial-. Todo ello está recogido en los cientos de Materias Médicas que ya hay publicadas y en las distintas pruebas –provings- de nuevos medicamentos que se vienen haciendo en distintos países del mundo, dirigidos por homeópatas experimentados y según protocolos bien científicos.

Además de esto, está el problema de las Agencias del Medicamento de los diferentes países. Para que un medicamento sea aceptado como tal, debe –además del informe de las pruebas de laboratorio del que hablaba antes- indicar qué enfermedades trata y las pruebas de los efectos sobre las mismas. Una vez aprobado el medicamento, acompañará al mismo un prospecto donde se recojan los aspectos más importantes del medicamento y sus indicaciones terapéuticas, además de otras cosas. ¿Qué ocurre con la Homeopatía y sus medicamentos infinitesimales? Algo muy sencillo: nadie puede creer que un medicamento como BRYONIA sirva para tratar patologías como la tos, las bursitis, el estreñimiento, etc… Porque no hay ningún medicamento alopático que –como el bálsamo de Fierabrás de El Quijote- sirva para tratar tantas cosas. Pero todavía más, no sirve para todas las toses, ni sirve para todos los estreñimientos, ni sirve para todos los pacientes enfermos, sino que sirven para aquellos pacientes que tienen una serie de síntomas determinantes, pero que no tienen por qué ser siempre los mismos, sino que pueden variar de persona a persona.
Hay algo evidente: si la ciencia es rigor –mortis en muchos casos-, la Homeopatía no se adapta a esas normas, simplemente porque no puede. Así que nuestras Agencias del Medicamento se encuentran entre la espada y la pared: si digo que son medicamentos, tengo que decir para qué valen; si digo que no son medicamentos, tengo que dejar de venderlos en farmacias. ¿Qué solución queda? Pues cada Agencia que decida lo suyo. Así en Estados Unidos, la Homeopatía se vende en los grandes almacenes y drugstores, junto a los preservativos, el agua mineral y las Coca-Colas. En Inglaterra y Francia se vende en cualquier farmacia sin mayor problema y sin necesidad de receta médica aunque entra dentro de los medicamentos que financia la Seguridad Social. En Alemania, Austria, España, Holanda y demás países europeos, igual, pero no entran en la Seguridad Social. En casi todo el mundo es así.
Yo, personalmente, preferiría que se vendiera en los almacenes chinos del “TODO A CIEN” porque así estaría seguro de que mis pacientes pueden encontrar su medicina a cualquier hora del día y hasta altas horas de la noche en cualquier lugar del mundo.

Finalmente, también hay algo evidente: las compañías farmacéuticas invierten montones de millones en investigaciones, en premiar a sus médicos, en fabricar sus productos, en publicitar los medicamentos, en distribuirlos y en promocionarlos –aunque sea a costa de falsas epidemias como la de la Gripe A-. Es claro que un laboratorio que sólo fabrica “bolitas de anís” tendrá menos problemas de carácter técnico y de inversiones, pero es que además le quitan a la farmacéutica los posibles pacientes y los médicos entrenados desde la Universidad en recetar sus medicamentos y en aceptar sus dádivas. Por eso, encabezan desde la oscuridad sórdidas campañas contra la homeopatía y contra todo lo que se mueva. Véase la campaña de la revista LANCET hace unos años contra la Homeopatía, o la campaña de ahora mismo del Parlamento Británico contra su inclusión en la Seguridad Social.

PROFESIONALES: MÉDICOS O NO MÉDICOS

Y por si fuera poco entre tanto guirigay y ruido mediático, aparece también lo de la cualificación profesional de los homeópatas. Y si algo de sentido común quedaba, se pierde en devaneos y luchas absurdas por derechos que ni son adquiridos ni son propiedad de nadie.

Hasta la fecha, la Homeopatía ha sido utilizada como terapéutica por médicos y no médicos (fisioterapeutas, psicólogos, osteópatas, naturópatas, y homeópatas sin titulación oficial). La profesión vivía en tierra de nadie ya que, por una parte, lo que se prescribían eran medicinas –exclusividad médica- y por otra parte, no necesitaban recetas –cualquiera, incluidos los no médicos y hasta el querido portero de la esquina podían comprarlas y tomarlas, incluso aconsejarlas a la vecina del 3ºC-. Y esto fue así hasta que a la Generalitat de Cataluña se le ocurrió la idea de regular las terapias mal llamadas “alternativas”. Citó a especialistas de los distintos campos y les propuso el desarrollo de programas para cada especialidad que contemplaran los conocimientos necesarios para poder practicarla. Una vez con esos programas redactados y negociados entre todas las partes, decidió tramitar una ley en la que, para poder ejercer estas terapias, fuera necesario haber pasado un examen de conocimientos, tanto teóricos como prácticos. El superar dicho examen daría derecho a ejercer dicha terapéutica por un plazo de cinco años, tras el cual deberían nuevamente someterse a examen. Apenas tramitada la ley autónoma, las asociaciones médicas acudieron a los tribunales denunciando que “si eran medicinas, sólo los médicos podían hacerlo y que, de aprobarse la ley autónoma, suponía un ataque contra la ley de carácter nacional que les daba esos derechos”. Los tribunales concedieron la razón a las asociaciones médicas y la posibilidad de regulación de las terapias “alternativas” llegó a un punto muerto.

Más adelante, el Gobierno de la nación, que había prometido que bajo su mandato se regularían las terapias alternativas, empezó a negociar con las asociaciones y federaciones de terapeutas borradores de normativas que dieran la satisfacción requerida. Entre tanto, las asociaciones médicas consiguieron que una comisión del Parlamento aprobara instar al Gobierno a que reconociera la homeopatía como un acto exclusivo para médicos. Y tan felices.

Me gustaría destacar algo que para nosotros es importante: no es necesario ser médico titulado oficial para ser buen naturópata, acupuntor, homeópata o lo que sea. Creo que cada uno tiene su nivel y tiene sus pacientes. Tiene su parte positiva y su parte negativa. A mí siempre me ha llamado la atención la existencia en Alemania de una figura sanitaria y terapéutica llamada “HEILPRAKTIKER” o lo que es lo mismo, EL PRACTICANTE DE LA SALUD. Esta figura es la de una persona especialista en su terapia –no importa dónde la haya aprendido ni en cuánto tiempo- que tiene que superar unos exámenes de tipo generalista –fisiología, anatomía, etc…- y otros exámenes de tipo específico sobre sus especialidad: naturopatía, fitoterapia, acupuntura, homeopatía, etc… Estos exámenes se hacen una vez al año a nivel nacional y la superación de los mismos asegura dos cosas: que el terapeuta está preparado para atender a sus pacientes y que el paciente puede estar tranquilo porque dicho terapeuta no es un aficionado. Una vez superado dicho examen, no hay que repetirlo nunca más. ¿Entonces para qué quiero ser médico, si puedo ser Heilpraktiker? La respuesta es muy sencilla y racional. Un Heilpraktiker tiene sus limitaciones en los tratamientos: no puede tratar ni enfermedades infecciosas ni tumores o cánceres. Todo lo demás está a su disposición. Y también puede tratar cánceres, sólo y cuando un médico haya determinado el carácter terminal del mismo y esté el paciente deshauciado. Si infringe estos límites, el Heilpraktiker tendrá que vérselas con la ley. Si no las infringe, podrá practicar su profesión durante toda su vida sin ningún problema.

¿Por qué esto no es posible en España? ¿Por qué somos más papistas que el Papa? La razón que argumentan las asociaciones médicas es la de que para cualquier cosa relativa a la salud es necesario un diagnóstico médico, y eso sólo puede hacerlo un licenciado en Medicina y Cirugía. Creo que es un gran error, y puedo decirlo desde dos criterios diferentes: desde el teórico y desde el práctico de la consulta.

Desde el punto de vista teórico, debo decir que no hay en toda la literatura homeopática ningún texto que establezca la necesidad de ser médico para prescribir homeopatía o para tratar enfermedad alguna. Es más, la homeopatía no se prescribe por diagnóstico o por la enfermedad, sino que se prescribe por los síntomas que presenta el enfermo y que difieren de los que puede presentar otro con la misma enfermedad. Por lo tanto, ni el diagnóstico es esencial, ni tampoco la carrera médica. Y para corroborar esto, podríamos acudir a toda la literatura homeopática existente, donde muchos de los libros son dirigidos al cabeza de familia para que mantenga en estado de salud a todos los componentes de la misma, sin riesgo y con las limitaciones propias de su conocimiento, mejor dicho, de su desconocimiento.

Desde el punto de vista práctico de mi consulta, debo decir que muchas veces los pacientes que acuden a ella vienen después de un largo peregrinar por médicos oficiales, consultas de la Seguridad Social y consultas privadas. Llegan cargados de radiografías, TAC, análisis de sangre, de orina, etc… y diagnósticos médicos firmados y sellados. Debo decir que, por principios, nunca pongo en duda los diagnósticos médicos, pero tampoco me los creo a pies juntillas. Muchas veces los diagnósticos médicos son “verdades de perogrullo” que no indican nada ni solucionan nada ni siquiera orientan sobre una posible solución, como no sea el antiinflamatorio, el antihistamínico, el antipirético, el antiácido o el antibiótico. Otras veces, la realidad posterior ha demostrado su error, haciendo que el paciente eche pestes de la sanidad en su conjunto. Ésta es la realidad pero me opongo a hacer de ella una generalización y a meter a todos los médicos bajo la misma etiqueta.

También he de decir que muchos de los mejores homeópatas del mundo, que dan cursos a médicos en Asociaciones Médicas con los beneplácitos de los Colegios Médicos y que son considerados autoridades, tanto por la clase médica como por la no médica, no son doctores en Medicina. Son simplemente estudiosos y entregados profesionales que quieren extraer lo mejor de la Homeopatía y extender sus hallazgos a todo el mundo. Si es necesario un diagnóstico médico o una titulación oficial, deberíamos ser consecuentes y no dejarles acercarse a las asociaciones médicas de ningún lugar en el mundo.

Finalmente, creo que hay una guerra fratricida entre médicos y no médicos que no conduce absolutamente a nada. Los médicos que se consideran homeópatas o que utilizan la homeopatía, deberían defenderla con uñas y dientes frente a cualquier ataque, poniendo su conocimiento, su práctica y su autoridad frente a aquellos que la difaman. Los no médicos lo hacemos las más de las veces, pero sin ninguna autoridad, ya que nada nos avala como profesionales, salvo la confianza de nuestros pacientes y los años de práctica continuada y esforzada.

No hay nada que proteger, ni que amurallar, ni que prohibir. Se trata de acertar cada uno con su nivel de competencia. Que los médicos demuestren que saben homeopatía para poder ejercerla; y que los no médicos demuestren los conocimientos médicos suficientes como para hacerlo con profesionalidad y sin riesgo y engaño.

PROPUESTAS PARA SALIR DE LA CRISIS

Creo que lo primero que habría que hacer es crear la figura del profesional de la salud no titulado, pero sí examinado y certificado. Es evidente que los sistemas de enseñanza y de formación no son todos obligatoriamente buenos per se y muchas veces adolecen de falta de contenido, de generalismos insustanciales y de falta de preparación suficiente como para enfrentarse a una consulta con dignidad y profesionalidad. Deberían revisarse los programas y, de algún modo, marcar los contenidos necesarios y suficientes para hacerlo con seguridad para el paciente, el primero, y para el profesional, después.

Estas enseñanzas deberían verse confirmadas por exámenes oficiales que permitieran a los examinandos conseguir la licencia para ejercer su profesión, dentro de las limitaciones que sean razonables, de sentido común y, sobre todo, que no planteen conflictos con las especialidades médicas y con la gravedad de las patologías.

Para que estas enseñanzas tuvieran el nivel adecuado y la validez precisa, debería ser necesario que los profesores estuvieran a la altura de las circunstancias y contaran con la preparación necesaria y la experiencia suficiente, siendo por ello los médicos los que tendrían más oportunidades de hacerlo y de hacerlo bien.

Una vez que el profesional no titulado cuente con la formación necesaria y haya superado los exámenes, sería deseable que se le ofreciera –bien desde las mismas asociaciones médicas, bien desde asociaciones propias de estos profesionales- la posibilidad de actualizarse en su especialidad, con el fin de poder servir mejor al paciente y de aumentar la satisfacción del profesional por su servicio a la comunidad.

También sería deseable que a dicho profesional se le considerase no sólo desde el punto de vista del Ministerio de Hacienda, sino que se diera un trato adecuado a todos los niveles, desde las cuotas a la Seguridad Social, como a los seguros de Responsabilidad Civil.

Si todo esto parece raro o una utopía, no hay más que remitirse a las últimas decisiones ministeriales –con el visto bueno y la aprobación de los Colegios Médicos- donde a los diplomados en Enfermería se les permite la dispensación y prescripción de medicinas de uso general que no necesitan receta. Curiosamente, a los Diplomados en Fisioterapia no se les permite hacerlo a pesar de su cualificación en Ciencias de la Salud.

Por otro lado, en Estados Unidos existe el Consejo Nacional Homeopático que es el que examina y expide los certificados y vela por la buena praxis de los profesionales. Igualmente en Inglaterra, donde las Asociación Nacional de Homeópatas es la que expide y vigila el nivel de los certificados y asume la actualización y el control de los profesionales.

EN CONCLUSIÓN

Creo que defendiendo estas posturas de las que he hablado, hacemos un mal a la homeopatía y a los enfermos de cualquier país. Nadie quiere quitar nada a nadie: primero porque no es posesión exclusiva de nadie; segundo, porque lo que queremos es practicar lo que sabemos, lo que nos alienta y lo que llena nuestra vida: la Homeopatía.

Quizás el planteamiento debiera ser desde la convivencia y el respeto. Cada uno ocupa su lugar en la escala y no hay injerencia ni enfrentamiento en que los dos profesionales convivan, sin que la existencia de uno u otro suponga la muerte para el antagonista. Sería más fácil dotar de un contenido a los profesionales que nos dedicamos a la Homeopatía, así como a otras terapéuticas. Para ello es tan simple como definir un modelo adecuado donde los profesionales no titulados oficialmente pudiéramos encontrar un marco de actuación: con sus obligaciones, sus responsabilidades y sobre todo, con los conocimientos necesarios que aseguren al paciente que no sufrirá por su elección. Deberían ser los mismos médicos los que se preocuparan más de dar esa formación y de favorecer la integración de estos profesionales y no sólo verlos como competidores a los que hay que aniquilar con el peso de la ley o con el de los intereses espurios.

Si habéis llegado hasta aquí y todavía os quedan ganas de ver una carnicería indiscriminada, os sugiero que leáis este artículo de EL PAÍS (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/homeopatia/quimera/ciencia/elpepusoc/20100306elpepisoc_1/Tes), pero sobre todo, los comentarios que se han hecho al mismo. No tienen desperdicio.

6 comentarios:

  1. Hola Andrés!
    Muchas gracias por compartir toda esta información, son de gran ayuda.
    Mi hijo de casi 2 años, le han salido unos puntitos blancos en la lengua, sobre todo en la punta y laterales, le debe de picar porque saca la lengua como si quisiera quitarse algo que tiene pegado, también le afecta al apetito. Esta es la segunda vez que le pasa, la primera vez le lleve al pediatra, que me dijo que no sabía si era un virus o una alergia, que habría que ver cómo evolucionaba, a los pocos días se le paso aunque tuvo una gripe o algo parecido. Puede ser un hongo? Que le podía dar?, muchas gracias saludos,

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  2. Hola Laura!

    Según describe la apariencia de la lengua del pequeño, no parece ser un hongo. Éstos se reconocen como manchas blancas en la lengua. Las molestias que describe nos pueden llevar a pensar que hay cierta inflamación, pero en este caso los puntos deberían ser rojos, y no blancos.

    El remedio que más se ajusta a la consulta que nos realiza es Taraxacum officinale 4CH, 3 gránulos, 3 veces al día. Como el niño es aún pequeño, a lo mejor le resulta más cómodo dárselo en extracto vegetal, 10 gotas disueltas en agua al día, hasta completar la mejoría.

    Saludos cordiales,

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  3. Ola mi nena tiene fiebre y se le coloca una mejilla caliente y roja ya van mas de 2 dias, congestion nasal e irritable solo tiene 1 año cinco que hago

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    1. Hola, Anónimo!
      Con los datos que nos da le aconsejamos que pruebe a darle a la nenita CHAMOMILLA 6CH, gránulos. Disuelva tres gránulos en tres cucharadas de agua y déle a la nenita una cucharada cada ocho horas. Es de esperar que reacciones en poco tiempo. Si en dos días no hay reacción de mejoría, entonces puede probar del mismo modo con IPECA 6CH, gránulos, en la misma cantidad y con una cucharada cada ocho horas.
      Lamentablemente con los datos que nos da es difícil saber con exactitud cuál de los dos remedios es el más adecuado.
      Saludos cordiales

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  4. hola mi nena tiene 20 meses tiene muchas flemas en el estomago por los dientes porque como babea se lo traga y lo mas normal esque lo expulse por las cacas pero no lo hace, entonces cuando esta llena vomita la comida o el desayuno. Hay algo para disolverlas flemas porque estamos en verano y estoy un poco desesperada.

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    1. Hola!

      Para los problemas de dentición que nos comenta puede darle Chamomila 6 CH, 3 gránulos disueltos en 2 cucharadas de agua, y del resultado 1 cucharada 2 veces al día.

      Saludos cordiales,

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